domingo, 20 de noviembre de 2011

Atardecer en la playa de Ngapali

Jóvenes birmanos delgados y fibrosos jugando al futbol con pantalones cortos desgastados y sin camiseta, dos porterías de bambú a cada lado. Barcas con la proa puntiaguda. Un perro negro con collar pasea alegre por la orilla. Una mujer vestida con un longi vendiendo collares en un puesto improvisado en medio de la playa. A su lado, dos niñas de unos 16 años recogen el de al lado con cestas de paja. Un fotógrafo profesional haciendo unas tomas a una pareja de birmanos en la terraza del hotel más caro. En frente el sol se pone, naranja. El mar plateado y la isla verde. Verde a la izquierda, a la derecha y detrás. Un hombre con una gorra roja desgastada y un sarong. Un perro viene, me saluda y se va. Una mujer de unos 50 años con unos pantalones blancos y encima una tela blanca transparente pasea con su marido barrigudo y un trípode. Medio son se ha ido. Naranja eléctrico. Tres cuartos. El cielo rosa y violeta, nubes azules y rosas. Adiós.
Una de las niñas que recogía el puesto se coloca el cesto en la cabeza con ayuda de la otra, encima de una especie de cuadrado de tela para que el cesto se mantenga, y se van.
Los chicos que juegan al futbol gritan.



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